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derrota de los de siempre

General — Escrito por nascofina @ 11:00

Dormir más que una marmota.

Evita que el pensamiento divague a la deriva, reaccionando de acuerdo a lo que surge momento a momento. Este es un tipo de pensamiento cartográfico, que hace mapas, en el cual se explora primeramente el terreno y se toma nota. Luego se observan las posibles rutas y luego se elige una. Para esto se requiere una estructura organizadora, esto lo da el pensamiento de sombrero azul. También permite definir el problema, enfocar el tema y elabora las preguntas. A veces todo el problema está en la capacidad de enfoque. Es responsable de la síntesis, la visión global y las conclusiones durante el curso del pensamiento o al final del mismo. Aún cuando se asigne a una persona, el rol específico del pensamiento de sombrero azul (que por lo general es el jefe), este rol está abierto a cualquiera que desee proponer comentarios o sugerencias de sombrero azul. Mas también esta organización tenía que ser terrible; esta vez no en lucha con la bestia, sino con el concepto antitético, el hombre no “criado” y formado, el hombre-mezcolanza, el tshandala. Y a su vez, no disponía de otro medio de quitarle su peligrosidad, de debilitarlo, que el de enfermarla; tal era la lucha con el “gran número”. Sin embargo, es posible que no haya nada tan contrario a nuestro sentir como las medidas preventivas de la moral india. El tercer edicto, por ejemplo (Avadana-Sastra I), el “de las legumbres impuras”, ordena que el único alimento permitido a los tshandalas es el ajo y la cebolla, toda vez que la Sagrada Escritura prohibe darles granos ni frutos que contengan granos, ni tampoco agua y fuego. El mismo edicto estipula que el agua que necesitan no debe ser extraída de los ríos, fuentes ni lagos, sino únicamente de los accesos a los pantanos y de los hoyos originados por las pisadas de los animales. Se les prohibe, asimismo, lavar su ropa, y aun lavarse a sí mismos, toda vez que el agua que se les concede como un favor sólo debe servir para apagar la sed. Prohíbese, por último, a las mújeres sudras asistir a las mujeres tshandalas que dan a luz, así como a éstas asistirse entre sí... No se hizo esperar el resultado de tal reglamentación sanitaria epidemias mortíferas, asquerosas enfermedades venéreas, y luego, como reacción, la “ley del cuchillo”, ordenando la circuncisión de los varones y la extirpación de los labios pequeños de la vulva en las niñas. El propio Manú dice: “los tshandalas son el fruto del adulterio, incesto y crimen” (tal es la consecuencia necesaria del concepto “cría”). Toda su indumentaria debe reducirse a andrajos tomados de los cadáveres, su vajilla, a ollas rotas, su adorno, a hierro viejo, y su culto, al de los espíritus del mal; deben vagar sin hallar paz en ninguna parte. Se les prohibe escribir de izquierda a derecha y servirse para escribir de la diestra, lo cual está reservado a los virtuosos, a las “personas de raza”. Estas disposiciones son harto instructivas; en ellas se da la humanidad aria en toda su pureza y originalidad; puede verse que el concepto “sangre pura” es todo lo contrario de un concepto inofensivo. Resulta claro, por otra parte, en qué pueblo se ha perpetuado el odio, el odio tshandala, a esta “humanidad”; dónde este odio se ha hecho religión, genio... Desde este punto de vista, los Evangelios, y, sobre todo, el Libro de Enoch, constituyen un documento de primer orden. El cristianismo, de raíz judía y sólo comprensible como planta crecida en este suelo, representa la reacción a toda moral de casta, raza y privilegio; es la religión antiaria por excelencia. Significa el cristianismo la transmutación de todos los valores arios, el triunfo de los valores tshandalas; el evangelio predicado a los pobres y humildes, la sublevación total de todos los oprimidos, miserables, malogrados y desheredados contra la “raza”; la inmortal venganza tshandala como religión -del amor... Valor natural del egoismo. El egoísmo vale lo que vale fisiológicamente el que lo practica; puede valer mucho, pero puede también ser ruin y despreciable. Ante cada individuo cabe preguntar si representa la curva ascendente o la descendente de la vida. Esta dilucidación proporciona al mismo tiempo el canon para determinar el valor de su egoísmo. Si representa la curva ascendente, su valor ciertamente es extraordinario, y por la vida total que con él da un paso más hacia adelante se justifica incluso la preocupación extrema por sobrevivir, por crear su optimum de condiciones. El “individuo”, tal como el vulgo y el filósofo lo han entendido hasta ahora, es un error no es nada por sí; no es un átomo, un “eslabón de la cadena”; no es nada meramente transmitido en herencia; es también todo el único linaje humano anterior a él... Si representa la curva descendente, la decadencia, la degeneración, enfermedad crónica (las enfermedades son, en definitiva, consecuencias de la decadencia, no sus causas), tiene poco valor y la equidad elemental exige que quite lo menos posible a los íntegros y cabales. Ya no es más, en definitiva, que su parásito... Cristiano y anarquista. El anarquista, como portavoz de capas décadents de la sociedad, reivindica con hermosa indignación “justicia” e “igualdad de derechos”, se halla bajo la presión de su ignorancia, no sabe comprender por qué sufre y, en definitiva, es pobre en vida... Obra en él un impulso causal: alguien debe tener la culpa de su mala situación... Por otra parte, su enorme indignación le hace bien; es un placer lanzar diatribas en nombre de todos los pobres diablos, ya que proporciona una pequeña embriaguez de poder. La sola queja, el solo hecho de quejarse, confiere a la vida un encanto que la hace llevadera; en toda queja hay una dosis sutil de venganza, uno reprocha su malestar, eventualmente hasta su maldad, como si fuese una injusticia, un privilegio ilícito, a los que no comparten su condición. “Si yo soy canaille, tú también debes serlo”-tal es la lógica que inspira la revolución-. La queja nunca vale nada, es un producto de la debilidad. Lo mismo da, en definitiva, que uno eche la culpa de su malestar a otros, como el socialista, o a sí mismo, como, por ejemplo, el cristiano; lo que en los dos casos hay de común y de indigno es que hacen a alguien responsable de su sufrimiento; en una palabra, que el que sufre se receta contra su sufrimiento la miel de la venganza. Los objetos de esta necesidad de venganza, que viene a ser una necesidad de placer, son causas accidentales; el que sufre encuentra por doquier motivos para satisfacer su mezquino afán vindicativo; si es cristiano, los encuentra, como queda dicho, en sí mismo... Tanto el cristiano como el anarquista son décadents. Mas también el cristiano, cuando repudia, difama y vitupera al “mundo”, lo hace llevado por el afán que impulsa al trabajador socialista a repudiar, difamar y vituperar la sociedad; aun el “juicio final” es el dulce consuelo de la venganza, la revolución deseada por el trabajador socialista, proyectada en un futuro un tanto más lejano... El propio “más allá”, ¿no es en el fondo un medio de difamar este mundo? ... Crítica de la moral de decadencia. Una moral “altruista”, una moral que comporta la atrofia del egoísmo, es bajo todas las circunstancias una mala señal, respecto a los individuos y, en particular, respecto a los pueblos. Falla lo mejor si empieza a fallar el egoísmo. Optar instintivamente por lo que lo perjudica a uno, sentirse atraído por motivos “desinteresados”, es casi la fórmula de la decadencia. “No buscar su propia ventaja” es tan sólo la hoja de parra moral para disimular esta realidad muy diferente, esto es, fisiológica: “No soy ya capaz de encontrar mi propia ventaja”... ¡Disgregación de los instintos! Cuando un hombre se vuelve altruista, quiere decir que está perdido. En vez de decir ingenuamente: “Yo ya no sirvo para nada”, dice la mentira moral por boca del décadent: “Nada vale nada; la vida no vale nada...” Tal juicio constituye, en definitiva, un grave peligro, pues es contagioso; no tarda en proliferar por toda la extensión del suelo mórbido de la sociedad, hasta quedar transformado en una tupida vegetación conceptual, ya como religión (cristianismo) o como filosofía (schopenhauerianismo). Tal vegetación venenosa, brotada de la podredumbre, es susceptible de infectar con sus miasmas vastas áreas de la vida por espacio de milenios... Respetado maestro: continuamente me asalta el recuerdo de los días de Bayreuth, y las numerosas ensañanzas y experiencias vividas en tan corto espacio de tiempo me abruman cada vez más. Comprendo perfectamente que no se mostrará muy satisfecho con mi estancia, pero esto ya no tiene remedio. Reconozco que yo me doy cuenta de las cosas demasiado tarde; ahora recordando el pasado, surgen sensaciones y pensamientos nuevos que deseo grabar a fuego en mi memoria. Sé muy bien, queridisimo maestro, que una visita como la mía no debe de resultarle muy agradable que digamos, e incluso sería insoportable en algunos momentos. Con frecuencia me decía a mí mismo que era libre e independiente, al menos en apariencia, pero en vano. En fin, le ruego me considere uno de sus discípulos que espera con la pluma en la mano y el cuaderno ante sí... He de reconocerlo: cada día que pasa aumenta mi melancolia al darma perfecta cuenta de cuánto me agradaría ayudarle de alguna manera, poder serle útil en algo, pero soy completamente incapaz de ello, y si nisiquiera puedo aportar mi granito de arena para que usted se distraiga y alegre. Estoy al final de mis treinta años: la “mitad de la vida”, decían en esa edad en tiempos del milenio y medio; Dante tenía por entonces la visión de la que habla en las primeras palabras de su poema. Ahora bien llegado a esa “mitad de la vida”, estoy tan “acorralado por la muerte” que me podría llevar en cualquier momento: la índole de mi sufrimiento me inclina a pensar en una muerte súbita, convulsiva (aunque preferiría una muerte lenta y lúcida que me permita hablar con los amigos, debe ser más dolorosa). En este sentido ahora me siento como el último de los patriarcas: pero también porque he realizado la obra de mi vida. Lo sé, derramé una gran gota de aceita que no podrá ser olvidada. En el fondo, ya hice la prueba de mi consideración a la vida: muchos la harán todavía. Hasta esta mismo instante mi ánimo no ha flaqueado bajo los sufrimientos persistentes, me parece que los siento de manera más serena y condescendiente que durante toda mi vida anterior: ¿a quién tendría que atribuir esta acción que me ha fortificado y mejorado? No a mis contemporáneos porque, salvo algunos pocos, todos se mostraron escandalizados y no temieron hacérmelo sentir. Querido amigo, eche una ojeada a este último manuscrito sólo para ver si hay rastros de sufrimiento y de opresión: no creo que los encuentre y mi suposición es ya un signo de que esas consideraciones necesariamente entrañan fuerzas, y no impotencia y cansancio, que es lo que buscarán quienes me atacan. No iré a verlo, a pesar de la insistencia de Overbeck y de mi hermana: es un estado en el que me parece más apropiado estar cerca de mi madre, del país natal y de los recuerdos de infancia. Pero no lo tome como una decisión definitiva e irrevocable. Es necesario que un enfermo pueda hacer y modificar sus planes de acuerdo con el tamaño variable de su esperanza. Acabo de terminar mi programa estival: tres semanas a media altura (en los prados), tres meses en Engadine, el tercero en las aguas de Saint-Moritz, cuyo mejor efecto se debe sentir en el transcurso del invierno. Me sentó bien la ejecución del programa: ¡no fue fácil! La renuncia a todas las cosas -falto de amigos y de cualquier contacto, sin poder leer libros; todo arte estaba lejos de mí; un cuartito con una cama, alimentación de asceta (que por otra parte es lo que necesitaba; nada de empacho durante todo el verano!) -esta renuncia sería absoluta si no continuara ligado a mis pensamientos (¿qué debía hacer por otra parte?), ciertamente lo más nocivo para mi cabeza -aún no sé como podría haberlo evitado. Es bastante -para este invierno el programa será relajarme, descansar de mis pensamientos -lo que no ha sucedido en años. Este invierno, vestido de la forma más miserable, asistí dos veces seguidas a mi propio entierro; la primera vez como el Conde Robilant (no, éste es mi hijo, yo soy Carlos Alberto, infiel a mi naturaleza), pero yo mismo era Antonelli. Querido catedrático, debiera ver este edificio; como no tengo ninguna experiencia en las cosas que he creado, le corresponde a usted ejercer cualquier tipo de crítica, [le] estaría agradecido, sin que pueda prometer sacar de ella algún provecho. Nosotros los artistas no podemos ser instruidos. Hoy me he regalado el espectáculo de una opereta -genialmente morisca, en esta ocasión también constaté con placer que tanto Moscú como Roma son realidades grandiosas. Vea que hasta el paisaje no carece de talento. Reflexione, tendremos bellas, bellas charlas, Turín no está tan lejos, ningún deber profesional serio se impone por el momento, nos tomaríamos un vaso de Veltiner. El desaliño es la vestimenta de rigor:

Habla bien, joder, que no cuesta un huevo y se queda cojonudamente.

Ya hemos visto que la prolongación del tiempo en que, por el alejamiento del mercado, el capital se ve sujeto a la forma de capital–­mercancías, retrasa el reflujo del dinero y, por tanto, la transforma­ción del capital de capital–dinero en capital productivo. Madrid prostitutas Sin embargo, es indudable que, desde el punto de vista de la producción capitalista, existe la apariencia de un problema especial. Aquí, es el capitalista, en efecto, el que aparece como punto de partida, como el que lanza el dinero a la circulación. El dinero que los obreros invierten en comprar y pagar sus medios de subsistencia existe previamente bajo la forma de dinero del capital variable y, por tanto, es puesto primitivamente en circulación por el capitalista, como medio de compra o de pago de la fuerza de trabajo. Además. el capitalista lanza a la circulación el dinero que primitivamente asume en sus manos la forma–dinero de su capital constante, circulante y fijo, que invierte como medio de compra y de pago de medios de trabajo y materiales de producción. Fuera de esto, el capitalista ya no actúa como punto de partida de la masa de dinero circulante. A partir de ahora, sólo existen dos puntos de partida: el capitalista y el obrero. Todas las demás categorías de personas tienen que obtener el dinero para los servicios que presten de estas dos clases o son, en la medida en que lo perciban sin contraprestación alguna, coposeedores de plusvalía en forma de renta, de interés etc. Pero el hecho de que la plusvalía no se quede íntegramente en el bolsillo del capitalista industrial, sino que deba repartirla con otras personas, nada tiene que ver con el problema de que estamos tratando. Lo que interesa es saber cómo convierte en dinero su plusvalía y no cómo se distribuye luego el dinero así obtenido. Por consiguiente, para nuestro caso es como sí el capitalista fuese poseedor único y exclusivo de la plusvalía. En cuanto al obrero, ya hemos dicho que es simplemente un punto de partida secundario, pues el punto primario de partida del dinero que aquél lanza a la circulación es el capitalista. El dinero desembolsado primeramente como capital variable se halla ya describiendo su segunda rotación cuando el obrero lo emplea en comprar y pagar sus medios de subsistencia. http://www.girlsbcn.es Se venden, por ejemplo, tejidos o hilados ingleses con destino a la India. Supongamos que el exportador pague al fabricante inglés (cosa que los exportadores no hacen de buen grado si el mercado de dinero no marcha bien). La cosa se tuerce tan pronto como el propio fabricante repone su capital–dinero mediante operaciones de crédito. El exportador vende luego su mercancía, los hilados o los tejidos, en el mercado de la India, de donde le remiten el capital por él desembolsado. Hasta que este reflujo se opera, se plantea el problema exactamente en los mismos términos que en el caso en que la duración del período de trabajo exige el desembolso de nuevo capital–dinero para mantener en marcha el proceso de producción sobre la escala dada. El capital–dinero con que el fabricante paga a sus obreros y renueva los demás elementos de su capital circulante no constituye la forma–dinero de los hilados por él producidos. Para esto es necesario que el valor de estos hilados refluya ante todo y llegue a Inglaterra en dinero o en productos. Es, lo mismo que arriba, capital–dinero adicional. La única diferencia estriba en que aquí lo desembolsa, no el fabricante, sino el comerciante exportador, quien acaso lo haya gestionado, a su vez, mediante operaciones de crédito. Y antes de que este dinero se lance al mercado no se lanza tampoco al mercado inglés un producto adicional que pueda comprarse con ese dinero y destinarse al consumo productivo o individual. Y si esta situación se mantiene durante mucho tiempo y en gran escala, acarrea necesariamente las mismas consecuencias que antes un período prolongado de trabajo. http://www.girlsbcn.com.es Pero esto no altera para nada el hecho de que, lo mismo en este caso que en el anterior: 1º el número de los periodos de trabajo del capital global desembolsado es igual a la suma del valor del producto anual de ambas partes del capital invertido, dividida entre el capital desembolsado en su conjunto, y 2º el número de rotaciones del capital global es igual a la suma de las dos cantidades recuperadas, dividida entre la suma de los dos capitales desembolsados. También aquí debemos considerar ambas partes del capital como si describiesen movimientos de rotación completamente independientes el uno del otro. Chicas Barcelona Moral para sicólogos. ¡No practicar una sicología reporteril! ¡No observar nunca por el hecho de ob­servar! Conduce esto a una óptica falsa, a una pers­pectiva torcida, a una cosa forzada y exagerada. El experimentar como prurito de experimentar no sale bien. Quien experimenta no debe estar con los ojos fijos en sí, o si no, toda ojeada se convierte en “aoja­dura”. El sicólogo nato se cuida por instinto de ver para ver; lo mismo se aplica al pintor nato, quien no trabaja nunca “del natural”, sino que encomienda a su instinto, su cámara oscura, la tarea de cribar y exprimir el “caso”, la “Naturaleza”, la “experiencia”... Sólo lo general, la conclusión, el resultado, entra en su conciencia; no sabe de esa arbitraria deducción de caso particular. Madrid prostitutas La peculiar circulación del capital fijo se traduce en una rotación peculiar. La parte de valor que pierde en su forma natural por el desgaste circula como parte de valor del producto. Este se convierte, mediante la circulación, de mercancía en dinero; también, por tanto, la parte de valor del medio de trabajo que el producto hace circular y, además, su valor destila del proceso de circulación como dinero en la misma proporción en que este medio de trabajo deja de ser agente de valor dentro del proceso de producción. Su valor reviste, pues, ahora, una doble existencia. Una parte de él permanece vinculada a su forma útil o natural, perteneciente al proceso de producción; otra parte se desprende de ésta como dinero. La parte de valor del medio de trabajo existente bajo forma natural va disminuyendo constantemente, mientras que su parte de valor traducida a la forma dinero aumenta de un modo constante, hasta que el medio de trabajo fenece y todo su valor, separado de su cadáver, se convierte en dinero. Aquí es donde se presenta la peculiaridad en la rotación de este elemento del capital productivo. La transformación de su valor en dinero se desarrolla paralelamente con la transformación en crisálida –dinero de la mercancía que es su agente de valor. Pero su proceso inverso de transformación de la forma dinero, en forma útil se disocia del proceso inverso de transformación de la mercancía en sus distintos elementos de producción y se halla más bien determinado por su propio período de reproducción, es decir, por el tiempo durante el cual se agota el medio de trabajo y tiene que ser repuesto por otro ejemplar de la misma clase. Si el tiempo de funcionamiento de una máquina, de un valor de 10,000 libras esterlinas supongamos, dura, por ejemplo, 10 años, el período de rotación del valor primitivamente desembolsado en ella serán 10 años. No habrá por qué renovarla antes de que termine este plazo, sino que seguirá funcionando en su forma natural. Su valor circulará, entre tanto, fragmentariamente como parte de valor de las mercancías a cuya producción continua sirve la máquina y ésta se irá traduciendo, así, gradualmente a dinero, hasta que, por último, al cabo de los 10 años, aquel valor se convierta totalmente en dinero y éste vuelva a convertirse en una máquina, con lo que se habrá operado su rotación. Hasta que se produzca este período de reproducción, su valor va acumulándose gradualmente, por el momento, bajo la forma de un fondo de reserva en dinero. valencia Acompañantes Hemos estudiado primeramente la reproducción simple, partiendo del supuesto de que toda la plusvalía se gastaba como renta. En la realidad, bajo circunstancias normales, nunca se puede gastar como renta más que una parte de la plusvalía, destinando el resto a la capitalización, lo cual no es óbice para que la plusvalía producida dentro de determinados períodos se gaste íntegramente o se capitalice en su totalidad. Sacando la media del movimiento –que es lo único que puede hacer la fórmula general–, vemos que ocurren ambas cosas. Sin embargo, para no complicar la fórmula es preferible suponer que se acumula toda la plusvalía. La fórmula Azafata de congresos en Barcelona estudiada aquí, presupone ciertos procesos históricos vienen a romper la asociación primitiva de los medios de producción con la fuerza de trabajo; procesos históricos por efecto de las cuales se enfrentan la masa del pueblo, los obreros, como no propietarios, y los no obreros como propietarios de estos medios de producción. Nada interesa, para estos efectos, saber qué forma revestía aquella asociación antes de romperse: si el propio obrero figuraba, como un medio de producción entre tantos otros o era, por el contrario, propietario de ellos. Clubs de alterne en Marbella Es cierto que la potenciación de las fuerzas productivas del trabajo, cuando no supone una inversión adicional de valores de capital, sólo acrecienta primordialmente la masa del producto, no su valor, Pero crea, al mismo tiempo, nueva materia de capital, y con ella la base para incrementar la acumulación de éste. hotesse Espagne El sitio disponible juega aquí un papel capital. A algunos edificios se les pueden agregar pisos, otros tienen que ampliarse en extensión, lo que requiere más terreno. En la producción capitalista se derrochan, por una parte, muchos recursos y, por otra, se realizan muchas extensiones contraproducentes de superficie de esta clase (perjudicando en parte a la fuerza de trabajo) cuando se trata de ampliar gradualmente las industrias, porque nada se realiza con sujeción a un plan, sino que todo depende de circunstancias, de medios, etc., infinitamente variados de que dispone el capitalista individual. Y esto se traduce en un gran despilfarro de las fuerzas productivas. barcelona prostitutas El movimiento del capital a través de la esfera de la producción y de las dos fases de la esfera de la circulación se efectúa, como hemos visto, en una sucesión a lo largo del tiempo. El tiempo que permanece en la esfera de la producción constituye su tiempo de producción, el que permanece en la esfera de la circulación su tiempo de circulación. Por tanto, el tiempo total que tarda en describir su ciclo equivale a la suma de los dos: el tiempo de producción más el tiempo de circulación. escort alto standing en Barcelona De otra parte, las mismas circunstancias que determinan la condición fundamental de la producción capitalista –la existencia de una clase obrera asalariada– exigen que toda la producción de mercancías adquiera forma capitalista. A medida que ésta se desarrolla, descompone y disuelve todas las formas anteriores de producción, que, encaminadas preferentemente al consumo directo del productor, sólo convierten en mercancía el sobrante de lo producido. La producción capitalista de mercancías hace de la venta del producto el interés primordial, sin que, al principio, esto afecte aparentemente al mismo modo de producción, que es, por ejemplo, el primer efecto que el comercio capitalista mundial ejerce en pueblos como China, India, Arabia, etc. Pero allí donde echa raíces, destruye todas las formas de la producción de mercancías basadas en el trabajo del propio productor o concebidas simplemente a base de vender como mercancías los productos sobrantes. Empieza generalizando la producción de mercancías y luego va convirtiendo, poco a poco, toda la producción de mercancías en producción capitalista.3 puta barcelona

Poner a alguien en el disparadero.

Con respecto a toda esta especie de la medicación sacerdo­tal, la especie «culpable», está de más toda palabra de críti­ca. Que semejante desenfreno del sentimiento, tal como el sacerdote ascético acostumbró a prescribirlo en este caso a sus enfermos (bajo los nombres más santos, ya se entiende, y convencido además de la santidad de su finalidad), haya sido realmente útil a algún enfermo, ¿quién tendría gusto en sostener una afirmación así? Al menos habría que ponerse de acuerdo sobre la expresión «ser útil». Si con ella quiere decirse que tal sistema de tratamiento ha mejorado al hom­bre, entonces nada tengo que objetar: sólo añadir lo que para mí significa «mejorado» ––lo mismo que «domestica­do», «debilitado», «postrado», «refinado», «reblandecido», «castrado» (es decir, casi lo mismo que dañado...). Pero si se trata principalmente de enfermos contrariados, deprimi­dos, tal sistema pone al enfermo más enfermo, aun supo­niendo que lo ponga «mejor»; pregúntese a los médicos de locos qué consecuencia trae siempre consigo una aplica­ción metódica de tormentos expiatorios, contriciones y es­pasmos de redención. Pregúntese asimismo a la historia: en todos los lugares en que el sacerdote ascético ha impuesto ese tratamiento a los enfermos, la condición enfermiza ha crecido siempre en profundidad y en extensión con una ra­pidez siniestra. ¿Cuál fue siempre el «éxito»? Un sistema nervioso destrozado, añadido a todo lo demás que ya esta­ba enfermo; y esto tanto en el más grande como en el más pequeño, tanto en el individuo como en las masas. Detrás del training [entrenamiento] de expiación y redención en­contramos epidemias epilépticas enormes, las más grandes que la historia conoce, como las de los danzantes medieva­les de San Vito y San Juan 112; encontramos, como otra forma de su influjo, parálisis terribles y depresiones duraderas, con las cuales a veces el temperamento de un pueblo o de una ciudad (Ginebra, Basilea) se transforma, de una vez para siempre, en lo contrario de lo que era; –– a esto pertene­ce también la historia de las brujas, algo afín al sonambulis­mo (ocho grandes explosiones epidémicas de las mismas tan sólo entre 1564 y 1605); detrás del mencionado training encontramos asimismo aquellos delirios colectivos ansiosos de muerte, cuyo horrible grito evviva la morte [viva la muerte] se oyó por toda Europa, interrumpido unas veces por idiosincrasias voluptuosas y otras por idiosincrasias destructivas: y ese mismo cambio de afectos, con las mismas intermitencias y transformaciones súbitas, es observado todavía hoy en todos los lugares, en todo sitio en donde la doctrina ascética acerca del pecado obtiene una vez más un gran triunfo (la neurosis religiosa aparece como una forma del «ser malvado»: de ello no hay duda). ¿Qué es esa neuro­sis? Quaeritur [se pregunta]. Hablando a grandes rasgos, el ideal ascético y su culto sublimemente moral, esa ingeniosí­sima, despreocupadísima y peligrosísima sistematización de todos los medios del desenfreno del sentimiento bajo la protección de propósitos santos se ha inscrito de un modo terrible e inolvidable en la historia entera del hombre; y, por desgracia, no sólo en su historia... Yo no sabría señalar nada que haya dañado tan destructoramente como este ideal la salud y el vigor racial, sobre todo de los europeos; es lícito llamarlo, sin ninguna exageración, la auténtica fatalidad en la historia de la salud del hombre europeo. A lo sumo podría compararse con el influjo específicamente germánico: me refiero al envenenamiento alcohólico de Europa, que hasta hoy ha marchado rigurosamente al mismo paso que la pre­ponderancia política y racial de los germanos ( –– donde és­tos inocularon su sangre, inocularon también sus vicios). –– Como tercer elemento de la serie habría que mencionar la sífilis –– magno sed próxima intervalo [a gran distancia, pero muy próxima]. masajista barcelona Antes de seguir adelante, debemos adelantar, inicialmente, algo acerca de la rotación. Supongamos que su capital global sea de 5,000 libras esterlinas, de ellas 4,000 libras capital fijo y 1,000 capital circulante; estas 1,000 libras descompuestas, a su vez, según la hipótesis anterior en 800 c + 200 v. Su capital circulante deberá describir cinco rotaciones al año, para que su capital global describa una rotación; su producto–mercancías será, en estas condiciones, = 6,000 libras esterlinas, es decir, superior en 1,000 libras a su capital desembolsado, lo que a su vez da como resultado la misma proporción de plusvalía que arriba: Sauna relax Barcelona "Para que el dinero fluya constantemente como moneda, es necesario que ésta se cuaje constantemente como dinero. La circulación constante de la moneda se halla condicionada por su constante estancamiento, en proporciones mayores o menores, en fondos de reserva monetarios que brotan por todas partes dentro de la circulación y la condicionan, cuya formación, distribución, disolución y reproducción cambian continuamente, cuya existencia desaparece sin cesar y cuya desaparición subsiste incesantemente. A. Smith ha expresado esta transformación incesante de la moneda en dinero y del dinero en moneda en el sentido de que todo poseedor de mercancías debe tener siempre en reserva, además de la mercancía especial que vende, una determinada suma de la mercancía general, para sus compras. Ya veíamos que, en la circulación M–D–M, el segundo eslabón D–M se fracciona constantemente en una serie de compras que no se efectúan de una vez, sino sucesivamente a lo largo del tiempo, de tal modo que una porción de D circula como moneda, mientras otra porción descansa como dinero. Aquí, el dinero sólo es, en realidad, moneda en suspenso y los distintos elementos integrantes de la masa monetaria circulante aparecen siempre alternativamente revistiendo tan pronto una forma como otra. Esta primera transformación del medio de circulación en dinero sólo representa, pues, un momento técnico de la misma circulación del dinero." (Carlos Marx, Contribución a la crítica de la economía política, 1859, pp. 105 s. Se emplea la palabra "moneda", por oposición a dinero, para designar el dinero en su función de simple medio de circulación por oposición a sus otras funciones.) Acompañantes Barcelona Y, sin embargo, la situación del obrero agrícola inglés desde 1770 a 1780 es, tanto por lo que se refiere a comida y a vivienda como en lo tocante a su satisfacción interior, a sus diversiones, etc., un ideal que ya no ha de volver a alcanzarse en adelante. Expresado en pintas de trigo, su jornal medio era, de 1770 a 1771, de 90 pintas; en tiempo de Eden (1797) ya sólo era de 65, y más tarde, en 1808, de 60.77 Guia eotica España Quiero, ante todo, dar cuenta a los lectores de la primera edición de las modificaciones introducidas en ésta. La ordenación más clara que se ha dado a la obra, salta a la vista. Las notas adicionales aparecen designadas siempre como notas a la segunda edición. Por lo que se refiere al texto, importa señalar lo siguiente: videos de argentinas Pero la tierra necesita quien la trabaje, y, como en los dominios de su dueño no hay braceros, éstos tienen que venir desde lejos, de una aldea abierta, recorriendo muchas veces 3 millas, desde pueblos formados por gran número de pequeños propietarios de sus casas, adonde han ido a refugiarse después de ser destruidos sus cottages en las aldeas cerradas. Allí donde las cosas siguen este derrotero, el mísero aspecto de los cottages revela casi siempre la suerte a que están condenados. Los encontramos en las más variadas fases de ruina natural. Mientras el techo está en pie, se le permite al jornalero pagar la renta, y, por lo general, se siente muy contento de poder hacerlo, aun cuando tenga que abonar el precio de una vivienda en buenas condiciones. Pero, no hay que pensar en reparaciones ni mejoras, fuera de las que su misérrimo morador pueda introducir. Cuando, por fin, se hace de todo punto inhabitable, ya sólo es un cottage derruido más y, por tanto, un tributo de pobreza menos. Al paso que los grandes propietarios hurtan el cuerpo al tributo impuesto para los pobres, despoblando el suelo de su propiedad, la villa o la aldea abierta más cercana se encarga de recoger a los obreros desahuciados; pero esta aldea o villa más ´cercana` puede quedar a 3 ó 4 millas de la finca sobre la que han de encorvarse un día y otro los jornaleros. A su labor diaria, como si no fuese nada, se añade la faena de recorrer todos los días 6 u 8 millas para ganarse el pan cotidiano. Y en las mismas condiciones abrumadoras se realiza el trabajo ejecutado por la mujer y por los hijos. Pero no es éste el único mal que la distancia le impone. En estas aldeas abiertas, hay siempre especuladores que se encargan de comprar jirones de terreno y de cubrirlos lo más densamente posible con los tugurios más baratos que pueda imaginarse. En estas miseras viviendas que, aunque den al campo, comparten las características más horribles de las peores viviendas de la ciudad, se hacinan los obreros agrícolas de Inglaterra.102 Y no vaya a creerse tampoco que el jornalero albergado en la misma tierra que trabaja encuentra el albergue que merece su vida, consagrada al trabajo productivo. Aun en las posesiones más principescas, su cottage suele ser de lo más lamentable. Hay terratenientes que creen que una cuadra es sobradamente buena para los jornaleros y sus familias, sin perjuicio de procurar obtener de su alquiler la mayor cantidad de dinero posible.103 Aunque se trate de una choza en ruinas, con una sola alcoba, sin fogón, sin retrete, sin ventanas practicables, sin agua y sin huerta, el jornalero es impotente para rebelarse contra la injusticia. Las leyes de policía sanitaria (los Nuisances Removal Acts) son letra muerta. Su ejecución corre precisamente a cargo de los mismos propietarios que éxploran en arriendo estos tugurios... No hay que dejarse engañar por unas cuantas escenas un poco más luminosas; estas excepciones no deben hacernos perder de vista la avalancha abrumadora de hechos reales, que son un verdadero baldón para la civilización inglesa. Espantosa tiene que ser, en verdad, la situación para que, ante la palpable monstruosidad de las viviendas actuales, los observadores competentes lleguen al resultado unánime de que, a pesar de ser, en general, tan indecoroso, el bochornoso estado de las viviendas existentes representa un mal infinitamente menos abrumador que su escasez numérica. Desde hace varios años, el abarrotamiento de las viviendas obreras viene siendo motivo de honda preocupación, no sólo para quienes prestan atención a la salud, sino también para quienes se cuidan de la moral. Una y otra vez, y en términos tan semejantes que parecen estereotipados, los informes sobre la extensión de las enfermedades epidémicas en los distritos rurales no hacen más que denunciar el hacinamiento de la vivienda como la causa que hace fracasar inrremediablemente todos los esfuerzos realizados por contener los progresos de las epidemias ya iniciadas. Una y otra vez, se ha demostrado que, pese a las muchas influencias saludables de la vida del campo, esa aglomeración, que tanto acelera la expansión de las enfermedades contagiosas, fomenta también las enfermedades que no lo son. Y los que denuncian este estado de cosas no ocultan los otros males. Aunque su tema primordial sea la sanidad, se ven casi obligados a tocar también otros aspectos del problema. Al poner de manifiesto la frecuencia con que duermen revueltas (huddled) en el mismo cuartucho personas adultas de ambos sexos, casadas y solteras, estos informes tienen que expresar forzosamente la convicción de que, en tales condiciones, el sentimiento del pudor y de la dignidad sale profundamente quebrantado y la moralidad casi inevitablemente destrozada.104 Así, por ejemplo, en el apéndice a mi último informe, en su dictamen sobre el foco de fiebre de Wing, en Buckinghmshire, cuenta el Dr. Ord cómo se presentó allí, con fiebre, un hombre joven de Wingrave. Durante los primeros días de su enfermedad, este joven durmió en un cuarto con otras 9 personas. En dos semanas se presentaron varios casos de fiebre; a las pocas semanas, habían enfermado ya 5 personas de las 9 y una se moría. Y el Dr. Harvey, del St. George´s Hospital, que visitó Wing durante la epidemia, para ejercer allí su profesión de médico particular, me refirió otro caso idéntico: Una mujer joven, enferma de fiebre, pernoctaba en el mismo cuarto con su padre y su madre, un hijo natural, dos hombres jóvenes, hermanos suyos y sus dos hermanas: total, 10 personas. Algunas semanas antes, dormían en el mismo cuarto 13 niños.105 www.raquelmimosa.com La plusvalía en que radica el capital adicional núm. 1 es, como velamos, el resultado de la compra de la fuerza de trabajo con una parte del capital originario, compra que se ajustaba a las leyes del cambio de mercancías y que, jurídicamente considerada, no exigía, por lo que se refiere al obrero, más que el derecho a disponer libremente de sus facultades, y respecto al poseedor del dinero o de las mercancías, la libre disposición sobre los valores de su pertenencia; el capital adicional núm. 2 y los siguientes son un mero resultado del capital adicional núm. 1, y, por tanto, una consecuencia lógica de aquella primera relación; es decir, que cada una de estas transacciones responde constantemente a la ley del cambio de mercancías: el capitalista compra siempre la fuerza de trabajo y el obrero la vende, e incluso admitimos que por todo su valor real. Pues bien, en estas condiciones, la ley de la apropiación o ley de la propiedad privada, ley que descansa en la producción y circulación de mercancías, se trueca, por su misma dialéctica interna e inexorable, en lo contrario de lo que es. El cambio de valores equivalentes, que parecía ser la operación originaría, se tergiversa de tal modo, que el cambio es sólo aparente, puesto que, de un lado, la parte de capital que se cambia por la fuerza de trabajo no es más que una parte del producto del trabajo ajeno apropiado sin equivalente, y, de otro lado, su productor, el obrero, no se limita a reponerlo, sino que tiene que reponerlo con un nuevo superávit. De este modo, la relación de cambio entre el capitalista y el obrero se convierte en una mera apariencia adecuada al proceso de la circulación, en una mera forma ajena al verdadero contenido y que no sirve más que para mistificarlo. La operación constante de compra y venta de la fuerza de trabajo no es más que la forma. El contenido estriba en que el capitalista cambia constantemente por una cantidad mayor de trabajo vivo de otros una parte del trabajo ajeno ya materializado, del que se apropia incesantemente sin retribución. En un principio, parecía que el derecho de propiedad se basaba en el propio trabajo. Por lo menos, teníamos que admitir esta hipótesis, ya que sólo se enfrentaban poseedores de mercancías iguales en derechos, sin que hubiese más medio para apropiarse una mercancía ajena que entregar a cambio otra propia, la cual sólo podía crearse mediante el trabajo. Ahora, la propiedad, vista del lado del capitalista, se convierte en el derecho a apropiarse trabajo ajeno no retribuido, o su producto, y, vista del lado del obrero, como la imposibilidad de hacer suyo el producto de su trabajo. De este modo, el divorcio entre la propiedad y el trabajo se convierte en consecuencia obligada de una ley que parecía basarse en la identidad de estos dos factores.6

 

La creación de la plusvalía y, por tanto, la transformación del dinero en capital, no puede, como se ve, tener su explicación en el hecho de que el vendedor venda las mercancías por más de lo que valen o el comprador las adquiera por menos de su valor.27 contactos españa 133 Según el censo de 1861 (t. II, Londres, 1863), el número de obreros empleados en las minas de carbón de Inglaterra y Gales era de 246,613; de ellos 73,545 menores y 173,063 mayores de 20 años. En la primera categoría se contaban 835 muchachos de 5 a 10 años, 30,701 de 10 a 15 años y 42,010 de 15 a 19. El número de obreros que trabajaban en las minas de hierro, de cobre, de plomo, de cinc y en otras minas metalúrgicas era de 319,222. http://www.sofiabcn.com Es cierto que la ley de 1844 prohibía que volviesen a trabajar después de la 1 de la tarde los niños de 8 a 13 años que hubiesen. trabajado ya antes de las 12 del día. Pero no reglamentaba de ningún modo las 6 horas y media de trabajo de los niños cuya jornada comenzase hacia las 12 del día o más tarde. Y así, a un niño de 8 años que entrase a trabajar hacía las 12, podía retenérsele en el trabajo desde las 12 hasta la 1, 1 hora: desde las 2 hasta las 4 de la tarde, 2 horas, y desde las 5 hasta las 8 y medía de la noche, 3 horas y medía; en total, las 6 horas y medía marcadas por la ley. O mejor todavía. Para adaptar sus faenas al trabajo de los obreros adultos hasta las 9 de la noche, al patrono le bastaba con no darles tarea antes de las 2, y de este modo podía luego hacerles trabajar sin interrupción hasta las 8 y media de la noche. "Y se confiesa explícitamente que, en estos últimos tiempos y acuciados por su codicia de hacer que las máquinas trabajen más de 10 horas, los patronos ingleses han ido deslizando prácticamente la costumbre de hacer que, después de abandonar el trabajo el personal joven y las mujeres, queden en la fábrica los niños de ambos sexos de 8 a 13 años, trabajando a solas con los obreros adultos hasta las 8 y medía de la noche."118 Obreros e inspectores de fábrica protestaban, por razones higiénicas y morales, contra esta costumbre. Pero el capital, como Shylock, les contestaba: bcnbox.com El sistema de cuadrillas, que se ha venido extendiendo consi­derablemente en estos últimos años, 114 no se ha creado, indudable­mente, en interés de los capataces. Se ha creado para que se enriquezcan los grandes arrendatarios115 o los terratenientes.116 Desde el punto de vista del arrendatario, no cabe método más ingenioso para man­tener a su personal obrero muy por debajo del nivel normal, te­niendo siempre a mano los brazos complementarios para las labores complementarias, arrancando la mayor cantidad posible de trabajo con la menor suma posible de dinero117 y dejando “sobrantes” a los jornaleros varones adultos. Después de lo que expusimos más arriba, se comprende que, por una parte, se reconozca el paro más o menos extenso del bracero del campo, mientras que, por otra parte, se declara “necesario” el sistema de cuadrillas, por la escasez de brazos de hombres y su emigración a las ciudades.118 Las tierras limpias de maleza y las malas hierbas humanas de Lincolnshire, etc., son los dos polos opuestos de la producción capitalista.119 graficas salas saldaña Dos mercancías distintas, A y B, en nuestro ejemplo el lienzo y la levita, desempeñan aquí dos papeles manifiestamente distintos. El lienzo expresa su valor en la levita; la levita sirve de material para esta expresión de valor. La primera mercancía desempeña un papel activo, la segunda un papel pasivo. El valor de la primera mercancía aparece bajo la forma del valor relativo, o lo que es lo mismo, reviste la forma relativa del valor. La segunda mercancía funciona como equivalente, o lo que es lo mismo, reviste forma equivalencial. discotecas en lleida Como es sabido, la Compañía inglesa de las Indias Orientales obtuvo, además del gobierno de estas Indias, el monopolio del comercio de té y del comercio chino en general, así como el transporte de mercancías de Europa a la China y viceversa. Pero sobre la navegación costera de la India y entre las islas, y sobre el comercio interior de la India se apropiaron el monopolio los altos funcionarios de la Compañía. Los monopolios de la sal, del opio, del bétel y otras mercancías eran filones inagotables de riqueza. Los mismos funcionarios fijaban los precios a su antojo y esquilmaban como les daba la gana al infeliz indio. El gobernador general de las Indias llevaba participación en este comercio privado. Sus favoritos obtenían contratos en condiciones que les permitían, más listos que los alquimistas, hacer de la nada oro. En un solo día brotaban como los hongos grandes fortunas, y la acumulación originaria avanzaba viento en popa sin desembolsar ni un chelín. En las actas judiciales del Warren Hastings6l abundan los ejemplos de esto. He aquí uno. Un tal Sullivan obtiene un contrato de opio cuando se dispone a trasladarse –en función de servicio– a una región de la India muy alejada de los distritos opieros. Sullivan vende su contrato por 40,000 libras esterlinas a un tal Binn, que lo revende el mismo día por 60,000, y el último comprador y ejecutor del contrato declara que obtuvo todavía una ganancia fabulosa. Según una lista sometida al parlamento, la Compañía y sus funcionarios se hicieron regalar por los indios, desde 1757 a 1766, ¡6 rnillones de libras esterlinas! entre 1769 y 1770, los ingleses fabricaron allí una epidemia de hambre, acaparando todo el arroz y negándose a venderlo si no les pagaban precios fabulosos.62 nightspain Al grado de desarrollo de la forma relativa del valor corresponde el grado de desarrollo de la forma equivalencial. Pero hay que tener muy buen cuidado en advertir que el desarrollo de la forma equiva­lencial no es más que la expresión y el resultado del desarrollo de la forma relativa del valor. pisobcn.com 213 Acerca de las grandes ventajas que supone el combinar la gimnasia (tra­tándose de jóvenes, con ejercicios militares) con la enseñanza obligatoria para los niños de las fábricas y los alumnos pobres, véase el discurso pronunciado por M. W. Senior en el 7° Congreso anual de la National Association for the Promotion of Social Science, en Report of Proceedings, etc., Londres. 1863, pp. 63 y 64, y el informe de los inspectores de fábricas para el 31 de octubre de 1865, pp. 118. 119, 120. 126 ss.



Felicidades!

General — Escrito por nascofina @ 10:59
Si puede leer esto, su bitácora está lista para empezar a escribir.

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